En el gozo de la jornada vivida, amantísimos hermanos en la fe Pastoreña,
Aún resuenan en el alma los ecos de la jornada de Gracia que el Señor nos concedió vivir. No han transcurrido veinticuatro horas desde que Nuestra Amantísima Titular, la Divina Pastora de las Almas, realizara su anual Procesión de Alabanza por las calles de su feligresía. Una procesión que este año quedará grabada con letras de oro en el corazón de nuestra historia, revestida de un significado profundo y singular que la ha hecho inolvidable.
Una vez más, la Madre del Divino Pastor obró el dulce milagro de congregar bajo su cayado a todo un pueblo hecho rebaño. Cada fiel que ayer se acercó a Cártama fue transformado en pastoreño de corazón, uniéndonos en una misma comunión de amor, fe y devoción en torno a Su Bendita Imagen. Y esto, queridos hermanos, significa que fuisteis llamados, uno a uno, por su Divina Voz, pues sin vuestra presencia, sin vuestra ofrenda de amor, su día de Alabanza no habría alcanzado la gloria que hoy atesoramos en el corazón.
Por ello, desde lo más hondo de este Grupo Parroquial, brota la necesidad de daros las GRACIAS; un agradecimiento eterno por vuestro generoso y rotundo SÍ a la llamada de la Madre. Gracias por haber ofrendado lo más valioso: vuestro tiempo, vuestro desvelo, vuestro sacrificio y vuestra entrega para que Ella, la Reina de los Pastores, volviera a bendecir nuestras calles con el esplendor inconmensurable con el que lo hizo.
Sentíos custodios de la inmensa felicidad que habéis sembrado en tantos devotos, en tantos vecinos de este bendito pueblo y en las innumerables familias que conforman esta comunidad de fe, hermanada en Cristo a través de su Santísima Madre.
Los testimonios gráficos son elocuentes: rostros iluminados por la alegría, miradas henchidas de satisfacción y el santo orgullo de haber depositado a los pies de la Virgen ese anhelado joyero de plata que ya engrandece su caminar. Juntos, hemos escrito una página dorada en los anales de la devoción pastoreña de Cártama; una gesta de fe que permanecerá como vuestro legado para la posteridad.
Y cómo no mencionar esas puras lágrimas de emoción que surcaron los rostros más jóvenes, las de nuestros niños y niñas. Esas lágrimas, derramadas sobre esta tierra de María, son la bendita semilla que garantizará la continuidad de este surco de fe y amor. En ellos reside el futuro y la promesa de esta sagrada historia de devoción a la Virgen.
Ella, nuestra Divina Pastora, permanecerá en su sede canónica de la Parroquia de San Pedro Apóstol, intercediendo por cada uno de vosotros y vuestras familias. Le rogará a su Hijo, el Divino Pastor, que os conceda salud y fe para que podáis volver a su vera un año más, y otro, y otro... hasta que, bajo su dulce y amantísima mirada, recorramos juntos los prados eternos de ese risco de Gloria que nos tiene prometido.
Que Dios Nuestro Señor, por la poderosa mediación de su Madre, la Divina Pastora de nuestras Almas, os colme de bendiciones y os guarde siempre. Recibid nuestro más profundo y eterno agradecimiento.
¡Loor y gloria a la Madre del Buen Pastor!
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